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No es oro todo lo que reluce, las marcas deben detectar a los falsos influencers

Por Irene Crisóstomo, ejecutiva de comunicación de mundoFranquicia

Hoy en día, las redes sociales se han visto invadidas por los “falsos influencers”, que se caracterizan por usar bots para elevar su número de seguidores. Estas cuentas son en realidad robots e incluso se pueden comprar en paquetes de cientos. Pero, ¿cómo podemos detectar si los seguidores del influencer que vamos a contratar son reales o falsos?

Un crecimiento constante, el mejor indicador

Una de las claves principales que debemos tener en cuenta a la hora de contratar a un influencer es la constancia en el crecimiento de sus seguidores. Si un influencer pasa de tener 20.000 seguidores a tener 100.000 en solo un mes, puedes empezar a desconfiar. Si el crecimiento es real, éste debe ser progresivo. Actualmente, disponemos de múltiples plataformas que permiten acceder a las estadísticas de la cuenta de un influencer. Estas estadísticas nos aportan datos importantes, tales como la procedencia de sus seguidores, su nivel de interacción o su crecimiento.

El engagemet gana protagonismo

Otra clave fundamental es el engagement de la cuenta. Por ejemplo, si un influencer tiene 100.000 seguidores, sus fotos deberían tener entre 1.500 y 2000 likes como mínimo. Si sus fotos no llegan a esa cantidad de likes, puede ser porque tiene seguidores falsos o porque le siguen muchas cuentas inactivas. Por ello, a la hora de contratar a un influencer, debemos prestar más atención al porcentaje de engagement que al número de seguidores. Sin embargo, lamentablemente, el engagement también se puede falsear, aunque en menor medida, mediante el uso de técnicas artificiales de interacción.

Algunas cuentas de bots se han ido perfeccionando e incluso llegan a hacer comentarios automáticos en las publicaciones de la persona que les ha contratado. Para que parezca que son comentarios auténticos, suelen ser generales y con falta de fundamento. Son comentarios que pueden servir para prácticamente cualquier foto, independientemente de lo que aparezca en la misma. Por ejemplo, “buena foto” o “buen trabajo” son habituales. Estos comentarios carecen de valor porque están realizados de forma automática por robots que, obviamente, no van a comprar el producto promocionado.

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