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Roost Chicken, el verdadero rey del pollo frito madrileño

La marca lleva cinco años conquistando a los clientes con sus creativas hamburguesas de pollo frito, marinado durante 12 horas con una receta secreta y cuenta ya con seis locales en la capital

La magia del algoritmo en Instagram y mucha improvisación fue el germen de Roost Chicken, la cadena de hamburguesas de pollo frito fundada por dos jóvenes emigrantes venezolanos en Madrid que desde su creación hace cinco años no ha parado de crecer. Con un producto de calidad bien elaborado y hecho a diario y una salsa secreta, la marca, que ha llevado el concepto del pollo frito a otro nivel, ha logrado consolidarse en la capital, donde ya cuenta con seis locales (el último inaugurado este mismo 2025), con un ritmo de crecimiento anual en la facturación del 100%, que se sitúa ya en los 5,5 millones de euros.

Presente en todas sus hamburguesas, en los gofres, en algunos entrantes y hasta en el postre, el pollo frito es el ingrediente indiscutible en la cocina de este negocio familiar que ha conquistado a los madrileños, y del que se utilizan hasta 60 toneladas al año. Marinado durante 12 horas en una combinación secreta con más de ocho especias, se reboza en harina también especiada y se fríe en el momento para obtener una textura crujiente por fuera y jugosa por dentro. Más de 19.000 hamburguesas vendidas al mes de media avalan su éxito.

“La clave puede ser que hemos dado con una muy buena receta de un producto de calidad. Y también, que después de cinco años, creemos que todavía no hay ningún otro concepto que se pueda asemejar a lo que nosotros hacemos. Nos consideramos un negocio dentro del segmento casual dining (con un ticket medio de 20 euros) y hemos cogido la propuesta básica del pollo frito de comida rápida y la hemos elevado un poco de nivel”, cuenta Juan Pablo Rubio, cofundador y CEO de Roost Chicken.

La propuesta consiste en 11 opciones de hamburguesas de pollo frito envueltas en pan brioche y bañadas con diferentes salsas elaboradas diariamente, incluida la especial de la casa, siete entrantes y dos tipos de ensaladas. ¿La más vendida? La Jelly bacon, con mermelada de beicon, queso americano, cebolla frita casera y salsa Ranch, seguida de la Smash, de contramuslo molido que va aplastado a la plancha. ¿Cuál es la que está desde el inicio? La Slaw, con ensalada de col, pepinillo y la salsa de la casa. “Es la clásica hamburguesa de pollo frito americana”, afirma Juan Pablo. Todas se sirven acompañadas de patatas.

Oportunidades de negocio

Juan Pablo y su amigo y socio Pedro Rodríguez llegaron a España desde Venezuela muy jóvenes en 2016 “en busca de nuevas oportunidades”. Graduados en Comercio Internacional, las encontraron enseguida en el sector de la hostelería en la cadena de hamburgueserías Goiko. “Estuvimos cinco años allí y escalamos bastante dentro de la empresa. Vivimos y participamos en la mega expansión del negocio, en los departamentos de venta, preventa… y le cogimos el gustillo a esa locura y al sector”, dice este empresario.

Cuando la oportunidad se les presentó, la abrazaron sin titubear. En 2020, Juan Pablo, su mujer Oriana y Pedro fundaron Roost Chicken. Fue en plena pandemia. De hecho, el día que iban a inaugurar su primer local (el de Príncipe de Vergara, 4), se declaraba el confinamiento. Tuvieron que aplazar la apertura hasta abril y empezaron con pedidos de delivery. Enseguida, el negocio despegó. Abrieron una dark kitchen en 2022 y seguido llegó el resto de locales.

La idea del negocio, como cuenta Juan Pablo, surgió de Instagram. “Hubo una época en la que no paraban de salirme temas de pollo frito, pero no encontraba nada con ese concepto en Madrid, excepto KFC (Kentucky Fried Chiken) y Popeyes. No entendíamos mucho por qué. O a nadie le gusta el pollo frito aquí o sencillamente a nadie se le había ocurrido la posibilidad de explotarlo”.

Empezaron a investigar el mercado, a hacer estudios de negocio y vieron que realmente había potencial. Consiguieron la financiación y los préstamos de los bancos y se lanzaron a la aventura. Una aventura que les salió muy bien y que, confiesa, fue en gran parte gracias a la improvisación, incluida la decoración de los restaurantes, la imagen de marca y las recetas de las hamburguesas.

“Fue todo a base de prueba error, prueba error, sin parar. Las recetas también fueron todas improvisadas, con algunas recomendaciones de familiares y vídeos de YouTube. Teníamos nociones básicas de cocina y nos fue bien. Ahora ya casi no estamos en la cocina y enseñamos las recetas a los cocineros, a los que formamos nosotros mismos”, asegura Juan Pablo, quien también confiesa que en las recetas no hay ninguna influencia de sus raíces venezolanas.

Originalidad en los platos

Una de las características más llamativas de Roost Chicken es la creatividad de los platos y su presentación. Suelen introducir uno o dos cada temporada en la carta, y sacan de ella los que tienen menos aceptación. “Lo bueno del pollo es que se presta mucho para combinar con cualquier tipo de ingrediente”, según Juan Pablo.

Entre las hamburguesas más originales (y exitosas) están la mencionada Jelly Bacon y la bb Buucheese (pan brioche, pollo frito y especiado, mac&cheese con beicon y queso fundido). Otro plato peculiar, los Chicken Gofres, dos torres de fingers de pollo frito entre gofres caseros glaseados con azúcar y con miel, a los que se les añade sirope de arce. “Es un buen gancho de nuestra carta y tiene muchos seguidores”. También triunfa el Maca-Roni (Mac & cheese con pollo frito especiado, beicon bits, salsa Roost y cebollino).

El lanzamiento de este tipo más reciente que se ha hecho viral es el Pollopolo, un helado de vainilla y chocolate con forma de muslo de pollo frito. Está cubierto de dulce de leche y rebozado con cereales crujientes. “Vimos la idea en TikTok, porque en los Emiratos Árabes y en Estados Unidos se ha hecho bastante famoso, y quisimos actuar rápido para desarrollar el producto aquí. Es totalmente casero”.

Las limonadas son otros hits de la casa, que venden más que los refrescos. Está la Rosa, que es la clásica, y su variante, la limonada de coco, que se sirve en una taza con forma de muslo de pollo.

Fuente: El Mundo

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