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“Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar en consecuencia”

Esta es la primera aceptación de la RAE del término humildad. Desde ya hace un cierto tiempo y siguiendo los consejos de gurús anglosajones asentados en la creencia de que para mejorar nuestras capacidades es preceptivo dar y recibir solo mensajes positivos en pos de la elevación de nuestra autoestima y autoconfianza, nos hemos ido apartando de esta virtud.

Hasta el punto que hemos llegado a desdeñar el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades. Esto a mi modo de ver, más que elevar nuestra autoestima, eleva nuestro autoengaño y el inevitable choque con la realidad nos lleva con mayor facilidad a la frustración al no alcanzar rápidamente nuestros objetivos.

Mi manera de actuar siempre estuvo muy alejada de esta tendencia. Entendí que, para mejorar el punto de partida, tenía que conocer la realidad, asumirla y estar dispuesto a cambiarla. ¿Cómo puedo trazar bien el camino si desconozco mi ubicación? ¿Cómo planteo una buena estrategia si desconozco mis limitaciones?

La ilusión que desde mis inicios tuve de que mi sobrino llegara a ser un gran jugador nunca me impidió ver la realidad ni esa realidad me impidió mantener viva esa ilusión. Siempre tuve la confianza necesaria para mantener viva la fe. La humildad, junto con una buena dosis de confianza, no es solo una gran virtud, sino un elemento necesario para alcanzar nuestros propósitos.

Toni Nadal,

Entrenador de tenis

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